Familias de Arauquita encontraron en el cacao una alternativa productiva. El proceso combina cambio de cultivos, asociaciones y transformación del grano.
Las historias de campesinos araucanos que cambiaron cultivos de coca por cacao muestran una transformación rural desarrollada durante años, especialmente en Arauquita. Productores que antes dependían de la economía ilícita construyeron proyectos agrícolas y hoy participan en la venta de grano y de productos elaborados con chocolate.
Una reconstrucción publicada por El Espectador en 2021, con datos atribuidos a la Federación Nacional de Cacaoteros, calculaba entonces que al menos 2.500 familias habían hecho el cambio en Arauca. Entre los testimonios está el de Orlando García, agricultor de la vereda Buenos Aires, donde cerca de dos hectáreas de cacao ocuparon el terreno antes destinado a coca. Ese registro corresponde a 2021.
Una cadena con más valor
La producción empieza en la siembra y el manejo del árbol, pero el precio y la calidad también dependen de la cosecha, la fermentación, el secado y la selección de los granos. Asociaciones y emprendimientos locales han trabajado para avanzar de la materia prima a coberturas, barras, chocolatinas y otros derivados.
Iniciativas como el Taller del Chocolate de la Fundación El Alcaraván y espacios de comercialización en Arauquita ayudan a mostrar el valor de transformar el cacao cerca del lugar donde se produce. El Salón del Cacao y Chocolate del municipio también reúne productores, comerciantes y marcas regionales.
Una transformación de décadas
La sustitución tomó impulso por distintas razones. Entre ellas aparecen cambios en el mercado de la coca, decisiones de las propias familias, programas públicos y el comportamiento de los grupos armados en el territorio, según testimonios recogidos en investigaciones anteriores. Cada comunidad siguió trayectorias diferentes.
El cacao necesita años para comenzar a producir comercialmente, y los agricultores dependen de acompañamiento técnico, vías para transportar su cosecha y compradores estables. El reconocimiento internacional de la calidad del grano araucano ha fortalecido su posicionamiento, mientras la transformación artesanal e industrial abre nuevas oportunidades comerciales para el departamento.













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