Durante meses convirtió la clandestinidad en espectáculo, desafió al poder desde las redes y exhibió una vida de motocicletas, armas y hombres uniformados. La versión de su propia muerte habría sido el anzuelo que lo obligó a comunicarse. Horas después, una casa de Riohacha estaba rodeada y el hombre más buscado de La Guajira había muerto junto a su pareja y dos integrantes de su círculo cercano.
La noche del cerco
La casa parecía una más del vecindario. Estaba ubicada en un sector residencial de Riohacha, cerca de Los Olivos y no muy lejos del aeropuerto Almirante Padilla. Afuera, la ciudad avanzaba hacia la medianoche del jueves 3 de septiembre sin saber que decenas de policías cerraban lentamente el perímetro.
En el aire se escucharon helicópteros. Por tierra se desplegaron unidades especiales. Dentro del inmueble se encontraba Naín Andrés Pérez Toncel, conocido como alias “Naín” o el “Bendito Menor”, jefe del frente Javier Cáceres de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada.
No estaba solo. Lo acompañaban su pareja, Rosa Angélica Tarazona, alias “la Bebecita”, y dos hombres identificados por las autoridades con los alias de “el Tío” y “Casiloco”. En la vivienda también fueron encontrados dos menores de edad, recuperados con vida durante el procedimiento.
El operativo comenzó hacia las 11:30 de la noche y se prolongó durante las primeras horas del viernes. La versión oficial sostiene que los cuatro adultos murieron durante una confrontación con los uniformados. La Policía reportó la incautación de armas y presentó el resultado como uno de los golpes más importantes contra las estructuras armadas de la Sierra Nevada.
Pero antes de los disparos hubo una operación silenciosa. Una mezcla de seguimientos, fuentes humanas, vigilancia tecnológica y, según versiones periodísticas, una maniobra de engaño que aprovechó la debilidad que el propio “Bendito Menor” había convertido en parte de su identidad —su necesidad de aparecer y responder.
El rumor que lo inquietó
Durante tres días, los organismos de inteligencia dejaron de detectar sus comunicaciones. Entonces comenzó a circular una noticia inquietante dentro de su propia organización. Se decía que el “Bendito Menor” había sido asesinado por integrantes de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada.
La organización difundió una versión en la que aseguraba que había sido castigado por supuestos actos de indisciplina. La noticia se propagó con rapidez y llegó a las redes sociales, el mismo escenario que Pérez Toncel había utilizado para construir su leyenda.
De acuerdo con fuentes de inteligencia citadas por Caracol Radio, aquella versión habría sido aprovechada como una operación de distracción. Los investigadores apostaron a que el cabecilla intentaría demostrar que seguía vivo.
Eso habría ocurrido.
Pérez Toncel encendió un teléfono o estableció una comunicación para desmentir el rumor. La señal permitió reducir el área de búsqueda y orientar a las unidades hacia Riohacha. Algunos medios informaron que hubo cooperación de inteligencia estadounidense, pero esa participación no fue confirmada en las primeras declaraciones oficiales del Gobierno ni de la Policía.
Por eso continúa siendo una versión periodística y no un hecho plenamente documentado.El hombre que tantas veces había utilizado un celular para provocar, exhibirse y desafiar terminó, presuntamente, dejando con ese mismo aparato la pista que necesitaban quienes lo perseguían.
Una red casi invisible
La ubicación no habría dependido únicamente de aquella llamada. Según una reconstrucción publicada por Seguimiento.co, investigadores infiltrados y fuentes humanas siguieron durante días los movimientos de su círculo. La información habría llegado a través de personajes cotidianos del territorio —un vendedor de helados, un comerciante de pescado y un mototaxista— que permitieron reconocer vehículos, horarios y desplazamientos.
La misma investigación periodística sostiene que un dispositivo GPS fue instalado en uno de los automotores utilizados por su entorno. Con esos datos se habría construido un mapa de movimientos de Pérez Toncel, de “la Bebecita” y de sus escoltas.
La versión completa de ese seguimiento todavía no ha sido presentada mediante un informe judicial público. Tampoco se conoce una reconstrucción forense detallada del enfrentamiento, la secuencia de disparos ni la actuación individual de cada una de las personas que se encontraban dentro de la vivienda.
Lo comprobado hasta ahora es que unidades de la Dijín y de Inteligencia Policial participaron en la operación, con acompañamiento de la Fiscalía. Cuando terminó el procedimiento, los cuatro cuerpos permanecían dentro de la casa y el cerco policial dominaba el sector.
De sicario a cabecilla
Naín Andrés Pérez Toncel tenía 26 años. Habría ingresado hacia 2019 a las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada, organización heredera de estructuras paramilitares conocida anteriormente como Los Pachenca. Comenzó en los niveles bajos de la estructura y ascendió con rapidez. Primero habría actuado como sicario y hombre de confianza de otros jefes. Después asumió tareas relacionadas con extorsiones, narcotráfico, control territorial y coordinación de hombres armados. En 2025 llegó a comandar el frente Javier Cáceres.
Su influencia se extendía por zonas de Riohacha, Dibulla, la Troncal del Caribe, Buritaca, Guachaca y varios corredores de la Sierra Nevada. Ese territorio es disputado desde hace años por las Autodefensas Conquistadoras y el Clan del Golfo, una guerra que ha dejado homicidios, desplazamientos, amenazas y restricciones contra las comunidades.
Contra Pérez Toncel existían cinco órdenes de captura por delitos como homicidio agravado, secuestro, extorsión y concierto para delinquir. También figuraba en una circular roja de Interpol. Las autoridades lo relacionaban con asesinatos selectivos y con la masacre ocurrida el 9 de enero de 2026 en Altos del Parrantial, Maicao, donde cinco personas murieron y otras dos quedaron heridas después de que hombres armados dispararan contra un grupo de civiles.
La Defensoría del Pueblo atribuyó inicialmente el ataque a integrantes de las Autodefensas Conquistadoras. La organización negó su responsabilidad. No existe una sentencia que establezca la participación personal de Pérez Toncel en esa masacre. La acusación hacía parte de las líneas investigativas de las autoridades.
El criminal de las redes
El “Bendito Menor” no se comportaba como un fugitivo tradicional. En lugar de desaparecer por completo, convirtió las redes sociales en una vitrina. Publicaba fotografías con prendas de camuflado, motocicletas de alto cilindraje y símbolos de la organización. Aparecía en caravanas y permitía que circularan canciones y mensajes que alimentaban su imagen entre jóvenes de la región. Algunas de sus cuentas reunían miles de seguidores.
En julio reapareció acompañado de “la Bebecita”. Ambos hicieron maniobras en motocicleta por un paisaje de la Alta Guajira. Él se mostró relajado y resumió la escena con una frase que se volvió parte de su personaje digital —“Estamos es melos. Cheveroski”.
La grabación apareció después de que el entonces presidente electo Abelardo de la Espriella lo declarara objetivo prioritario y ordenara preparar una operación para capturarlo o responder con fuerza si ofrecía resistencia. Pérez Toncel contestó desde las redes y se burló del mandatario llamándolo “Tigre de Temu”.
Meses antes había circulado otro video con amenazas contra el entonces presidente Gustavo Petro. El rostro de quien hablaba no aparecía claramente y el propio Pérez Toncel negó posteriormente ser el autor. Alegó que cuentas falsas utilizaban su nombre y su imagen.
Aun con esas controversias, su exposición digital tuvo un efecto concreto. Elevó su reconocimiento público, pero también multiplicó las señales que podían estudiar los organismos de inteligencia —lugares, acompañantes, vehículos, paisajes, horarios y formas de comunicación. El personaje que construyó para parecer intocable fue dejando fragmentos de información.
De vocero a objetivo
La historia de Pérez Toncel también atravesó el proceso de acercamiento impulsado durante el Gobierno de Gustavo Petro.
La Resolución 091 del 1.º de abril de 2025 lo reconoció, junto con otros integrantes de las Autodefensas Conquistadoras, como representante de la organización dentro de un espacio de conversación sociojurídica. Esa decisión abrió el camino para que las autoridades judiciales suspendieran temporalmente órdenes de captura mientras estuviera vigente su condición de representante.
La resolución no significaba una absolución ni eliminaba definitivamente los procesos penales. Cuando la suspensión estaba próxima a vencer, Pérez Toncel no habría solicitado su renovación y decidió apartarse del proceso, para comienzos de 2026, la orden de captura estaba nuevamente activa.
En pocos meses pasó de aparecer en documentos relacionados con un proceso de paz a ocupar uno de los primeros lugares en la lista de objetivos del nuevo Gobierno. De la Espriella lo incluyó entre los diez blancos criminales que esperaba neutralizar durante sus primeros 90 días. Pérez Toncel murió antes de que se cumpliera el primer mes de la nueva administración.
El acuerdo de “la Bebecita”
Rosa Angélica Tarazona tenía 20 años y no era solamente la mujer que aparecía junto al “Bendito Menor” en motocicletas y videos. Los investigadores la señalaban de administrar recursos, coordinar pagos y apoyar la logística y la seguridad de la estructura. Esas atribuciones formaban parte de los informes de inteligencia, aunque no habían sido definidas mediante una sentencia.
Había sido capturada en septiembre de 2025 en Guachaca, zona rural de Santa Marta, y recibió detención domiciliaria. Las autoridades sostenían que incumplió esa medida al trasladarse y permanecer con Pérez Toncel. La coincidencia más dramática ocurrió pocas horas antes de su muerte. Durante una audiencia judicial, Tarazona aceptó un preacuerdo con la Fiscalía por concierto para delinquir. El acuerdo contemplaba una condena de 36 meses de prisión y fue aprobado por un juez.
La lectura de la sentencia debía realizarse en octubre. Su abogado esperaba solicitar que la condena se cumpliera en casa, argumentando que era madre de dos niños. Aquella posibilidad judicial quedó cerrada esa misma noche. Tarazona murió en la vivienda antes de conocer formalmente la pena acordada con la Fiscalía.
La celebración presidencial
El presidente Abelardo de la Espriella viajó a Riohacha después de la operación. Calificó el procedimiento como impecable y presentó la muerte del cabecilla como prueba de la nueva ofensiva contra las organizaciones criminales.
En imágenes divulgadas por el Gobierno, el mandatario apareció junto con altos oficiales y frente a las armas incautadas. En otra grabación fueron mostrados los cuatro cuerpos tendidos en el piso.
La escena convirtió el resultado policial en un mensaje político. El Gobierno buscaba demostrar que sus advertencias no eran retórica y que uno de sus principales objetivos había caído. Sin embargo, la exhibición de los cadáveres también abrió interrogantes sobre los límites de la comunicación oficial y el respeto debido a los cuerpos, independientemente de los delitos atribuidos a quienes murieron.
Una madre esperaba verlo
Mientras el Gobierno celebraba el operativo, otra escena se desarrollaba frente al Batallón Cartagena de Riohacha. Desde las cinco de la mañana, familiares de Pérez Toncel esperaban información. Rosa María Pérez Toncel, hermana del cabecilla, pidió que el cuerpo no fuera trasladado a Barranquilla. Sostuvo que Riohacha contaba con personal forense y explicó que su madre necesitaba reconocer a su hijo.
La familia aseguró que se enteró de la confirmación oficial a través del pronunciamiento presidencial. La hermana reclamó la entrega del cadáver y recordó que incluso los muertos conservan derechos.
La petición no prosperó.
Hacia la una de la tarde del viernes, los cuerpos del “Bendito Menor”, “la Bebecita”, “el Tío” y “Casiloco” llegaron a Medicina Legal de Barranquilla para las necropsias y los procedimientos de identificación, informó. La madre que pedía reconocerlo en Riohacha tuvo que esperar.
El vacío que permanece
Las Autodefensas Conquistadoras reconocieron la muerte de su jefe regional y anunciaron que no habría retaliaciones. En un comunicado pidieron tranquilidad a los habitantes de Magdalena, La Guajira, Cesar y la Sierra Nevada. La declaración puede contener momentáneamente el temor, pero no resuelve la pregunta principal —quién asumirá el control del frente Javier Cáceres y qué ocurrirá con las rutas, los hombres y las economías ilegales que manejaba Pérez Toncel.
La caída de un cabecilla puede debilitar una estructura, pero también abrir una disputa sucesoria o permitir que organizaciones rivales intenten ocupar el territorio. Hasta ahora no existe evidencia pública de que alguno de esos escenarios ya se haya materializado.
La historia del “Bendito Menor” terminó en una casa cercada de Riohacha, pero comenzó mucho antes, en una organización armada que le permitió ascender, en un territorio golpeado por la disputa criminal y en unas redes sociales que transformaron a un prófugo en personaje.
Allí exhibió motocicletas, armas y desafíos. Allí quiso demostrar que seguía vivo. Y, de acuerdo con la versión que hoy reconstruyen fuentes de inteligencia, desde allí pudo haber emitido la señal que condujo a la Policía hasta su última dirección.













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