Hubo alfombra roja, aviones Kfir sobre la ciudad, un vendedor de panela en la foto oficial, una ovación a Álvaro Uribe que compitió con la del propio presidente, oración interreligiosa, música y un discurso de mano firme desde un cantón militar. La posesión de Abelardo de la Espriella dejó imágenes que explican bastante bien cómo quiere comenzar su Gobierno.
La posesión de Abelardo de la Espriella no empezó cuando juró como presidente. Empezó mucho antes, cuando decidió que el poder debía salir por un día de Bogotá. Por primera vez, una transmisión de mando presidencial se realizó en Cali, lejos del escenario habitual de la Plaza de Bolívar.
El lugar escogido fue la Arena USC Carlos Andrés Pérez Galindo, de la Universidad Santiago de Cali, con capacidad para algo más de 2.200 personas. El cambio no fue menor. El protocolo tradicional del Senado contempla normalmente al Capitolio y la Plaza de Bolívar como escenarios del acto. Esta vez, Congreso, invitados internacionales y todo el aparato ceremonial viajaron al Valle del Cauca.
Y Cali se preparó como si recibiera algo más que una posesión. Hubo más de 11.000 integrantes de la Fuerza Pública, restricciones de movilidad, día sin carro y moto, sobrevuelos de aviones Kfir y controles especiales en distintos puntos de la ciudad.
La ceremonia estaba anunciada para las 3 de la tarde, pero el momento definitivo llegó pasadas las 4. De la Espriella entró acompañado por su esposa y sus cuatro hijos, después de que por la alfombra roja desfilaran mandatarios, dirigentes políticos e invitados como Javier Milei, Daniel Noboa, Santiago Peña, el rey Felipe VI de España y Gianni Infantino, presidente de la FIFA.
Uno de los detalles políticamente más reveladores ocurrió unos minutos antes.
Cuando apareció Álvaro Uribe, la Arena estalló en aplausos. La recepción fue tan intensa que algunos registros de la jornada destacaron que el expresidente recibió incluso más arengas que el mandatario que estaba a punto de posesionarse. Un pequeño detalle de protocolo, pero una fotografía bastante elocuente del peso que todavía conserva Uribe dentro del electorado que acompañó el triunfo de De la Espriella.
También hubo ausencias con mensaje. Congresistas del Pacto Histórico no participaron de la sesión, mientras los expresidentes Juan Manuel Santos y Ernesto Samper no estuvieron entre los invitados. Sí asistieron Uribe, Iván Duque y Andrés Pastrana.
A las 4:22 de la tarde, De la Espriella juró ante el Congreso y Honorio Henríquez, presidente del Senado, le impuso la banda presidencial. Colombia tenía oficialmente nuevo jefe de Estado.Pero hubo otra imagen cuidadosamente construida.
Luis Felipe Yagüe, el vendedor de panela de 74 años que se hizo conocido durante la campaña después de que un hombre asegurara que dejaría de comprarle por haber votado por De la Espriella, apareció en la tarima. No puso la banda presidencial, como inicialmente llegó a especularse, pero acompañó el juramento del vicepresidente José Manuel Restrepo y terminó en la fotografía oficial junto a los dos nuevos mandatarios.
Fue política convertida en símbolo. La ceremonia tuvo además un marcado componente religioso. Participaron el rabino David Michaan, el pastor Eduardo Cañas Estrada y el arzobispo Francisco Javier Múnera Correa, mientras la cantante Maía interpretó Aleluya. La escena coincidió con uno de los ejes recurrentes de De la Espriella desde la campaña, cuando colocó la fe y los valores cristianos dentro de su propuesta política.
Hasta el vestuario llevó mensaje. El nuevo presidente vistió un traje azul noche de Arturo Calle, mientras integrantes de su familia y del entorno vicepresidencial utilizaron prendas de diseñadores colombianos. Ninguna de las piezas centrales de vestuario provenía del exterior. Y después llegó el giro final.
El discurso fuerte no ocurrió únicamente dentro de la universidad. Tras la ceremonia civil, De la Espriella se trasladó al Cantón Militar Pichincha, donde recibió honores de las Fuerzas Militares y pronunció su primera intervención como presidente. Allí habló de recuperar el orden, combatir el narcotráfico y enfrentar a las estructuras criminales. Su frase más sonora fue también la más previsible para quien siguió su campaña.
«El tigre ha llegado y sabrán lo duro que muerde cuando se trata de defender al pueblo colombiano». La escenografía terminó contando casi tanto como el discurso. Una posesión lejos de Bogotá, rodeada de Fuerza Pública, con dirigentes de derecha latinoamericanos, símbolos religiosos, empresarios, una figura popular elevada a la tarima y un segundo acto dentro de una instalación militar.
Nada de eso permite saber cómo será el Gobierno que comienza. Pero sí deja pistas bastante claras sobre cómo Abelardo de la Espriella quiere que Colombia lo vea desde el primer día.













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