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Emergencia: El piedemonte araucano despierta entre ríos desbordados, comunidades aisladas y pérdidas millonarias

La lluvia cayó durante toda la noche del miércoles y continuó gran parte del jueves. Lo que siguió fue una cadena de crecientes, avalanchas e inundaciones que golpeó al piedemonte araucano. En Tame, la fuerza del río arrasó viviendas, fincas y cultivos. En Fortul, Saravena y Arauquita la emergencia sigue creciendo mientras las aguas continúan su recorrido hacia la llanura.

La noche del miércoles nadie imaginó que unas horas de lluvia serían suficientes para cambiar el paisaje de buena parte del piedemonte araucano. Mientras el agua golpeaba sin descanso los techos de las viviendas, en las montañas comenzaban a crecer los ríos que, horas después, bajarían con una fuerza devastadora hacia las zonas pobladas.


Cuando amaneció el jueves, el panorama era desolador. Donde el día anterior había potreros, cultivos y caminos veredales, ahora solo quedaban enormes corrientes de agua cargadas de barro, árboles y escombros. El rugido de los ríos reemplazó el silencio de la madrugada y, en cuestión de minutos, muchas familias tuvieron que abandonar sus viviendas para ponerse a salvo.
El municipio de Tame concentra las imágenes más dramáticas de la emergencia.


La creciente del río Tame rompió varios tramos de la ribera y comenzó a llevarse todo a su paso. Videos grabados por habitantes muestran cómo la corriente socava la tierra, derriba árboles de gran tamaño y arrastra cercas, cultivos e infraestructura rural. En distintos sectores, campesinos observaban impotentes cómo desaparecían años de trabajo sin que existiera forma de detener la fuerza del agua.


La emergencia también alcanzó la parte alta del municipio. En Curipao, la creciente del río Lopeño provocó avalanchas que dejaron comunidades aisladas al destruir pasos rurales y afectar la movilidad. En Puerto San Salvador, Puerto Gaitán, Betoyes, Botalón, Puerto Nidia y por donde se mire, las inundaciones cubrieron viviendas, anegaron extensas áreas de cultivo y dificultaron el acceso de los organismos de socorro. Pero el drama no terminó allí.


Mientras las lluvias continuaban sobre la cordillera Oriental, las crecientes siguieron descendiendo hacia Fortul, Saravena y Arauquita, donde varios afluentes aumentaron peligrosamente su caudal. Las autoridades mantienen monitoreo permanente sobre las cuencas debido a que el mayor volumen de agua todavía continúa desplazándose hacia la parte baja del departamento.
La preocupación también crece entre los productores agropecuarios. Además de las viviendas afectadas, numerosas hectáreas sembradas quedaron bajo el agua y varias familias reportan pérdidas de animales, cercas, maquinaria y vías de acceso a sus predios. En muchas veredas, la prioridad dejó de ser proteger la producción para concentrarse en salvaguardar la vida y esperar que el nivel de los ríos comience a descender.


La magnitud de la emergencia había sido advertida días atrás por el IDEAM y Corporinoquia, que emitieron alertas por la alta probabilidad de crecientes súbitas, inundaciones y movimientos en masa en el piedemonte araucano. Sin embargo, la intensidad de las precipitaciones terminó superando la capacidad de respuesta de muchas comunidades rurales.


Los organismos de socorro, las alcaldías municipales, la Gobernación de Arauca y los consejos de gestión del riesgo continúan consolidando el censo de damnificados y evaluando los daños. La cifra de pérdidas materiales sigue creciendo con el paso de las horas y no se descarta que aparezcan nuevas afectaciones a medida que las aguas avancen por las cuencas del departamento.
Por ahora, el piedemonte araucano permanece en alerta.


Las lluvias pueden disminuir, pero la emergencia apenas comienza. Los ríos todavía bajan con fuerza desde la montaña y cientos de familias esperan que, cuando finalmente el agua retroceda, aún quede algo de aquello que durante años construyeron con trabajo y esfuerzo.

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