Durante años, muchos de sus estudiantes llegaron cargando historias de violencia, pobreza y dificultades familiares. En lugar de responder con más disciplina y sanciones, un colegio público de Bogotá decidió enseñarles algo diferente: reconocer sus emociones. Hoy, esa apuesta lo convirtió en uno de los diez mejores colegios del planeta.
En una ciudad donde cientos de instituciones compiten por mejorar sus resultados académicos, un colegio público ubicado en la localidad de Bosa, en el sur de Bogotá, decidió apostar por algo que pocas veces aparece en los boletines de calificaciones: la salud emocional de sus estudiantes.
Esa decisión acaba de darle un reconocimiento que trasciende las fronteras de Colombia. El Colegio Las Margaritas IED fue seleccionado entre los 10 mejores colegios del mundo en los World’s Best School Prizes 2026, considerados los premios internacionales más importantes para instituciones educativas. La distinción llegó en la categoría «Fomentando Vidas Saludables», gracias a un modelo que convirtió la convivencia y el bienestar emocional en parte del aprendizaje diario. Esa categoría reconoce a los colegios que demuestran un impacto real en la salud física, mental y social de sus comunidades educativas.
Un refugio donde primero se escucha
La historia comenzó con una pregunta sencilla: ¿qué pasaría si antes de corregir una conducta se intentara entender qué siente el estudiante? Así nació el Refugio Socioemocional, un espacio dentro del colegio donde niños y jóvenes aprenden a expresar sus emociones, resolver conflictos mediante el diálogo y pedir ayuda cuando la necesitan. Allí no hay castigos tradicionales como primera respuesta. Hay conversaciones, acompañamiento, escucha y herramientas para manejar la frustración, la tristeza, la ira o la ansiedad.
El programa involucra a docentes, orientadores, estudiantes y familias, entendiendo que la convivencia escolar no depende únicamente del salón de clases, sino también del entorno en el que crecen los niños.
Los resultados hablaron por sí solos
La apuesta no tardó en mostrar resultados. Desde que comenzó a implementarse, la institución logró reducir en cerca del 85 % los conflictos graves de convivencia, mejoró el ambiente escolar y fortaleció el sentido de pertenencia entre los estudiantes. Lo que empezó como una estrategia para cuidar la salud mental terminó impactando también el rendimiento académico, la permanencia escolar y la confianza de toda la comunidad educativa.
Ese modelo llamó la atención de T4 Education, organización internacional que cada año evalúa miles de colegios de todo el mundo para identificar experiencias capaces de transformar la educación.
Una lección que va más allá de Bogotá
El reconocimiento del Colegio Las Margaritas no premia un edificio moderno, laboratorios de última tecnología o grandes inversiones. Premia una idea poderosa: que un estudiante aprende mejor cuando se siente seguro, escuchado y valorado.
En un país donde la salud mental de niños y adolescentes ocupa cada vez más espacio en el debate público, esta experiencia demuestra que la educación también puede cambiar vidas desde la empatía.
Hoy, mientras compite por convertirse en el mejor colegio del mundo en su categoría, Las Margaritas ya dejó una enseñanza que trasciende cualquier trofeo: formar personas emocionalmente sanas también es una manera de construir un mejor país.

















Deja una respuesta