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El retiro de 30 piezas del Museo Nacional llevó la protesta a las calles de Bogotá

Las decisiones sobre salas dedicadas a la memoria histórica, la diversidad y el conflicto armado desencadenaron plantones y actuaciones de la Policía durante el fin de semana.

La orden de retirar al menos 30 piezas de tres salas del Museo Nacional de Colombia provocó jornadas de protesta el sábado 17 y el domingo 18 de octubre en Bogotá. El rechazo a los cambios en la exposición reunió a estudiantes, colectivos y ciudadanos que defendieron la presencia de relatos sobre derechos, diversidad y memoria histórica en el principal museo del país.

Entre las piezas señaladas por reportes de prensa y participantes de la protesta se encuentran una bandera vinculada al movimiento LGBTI, material relativo a figuras políticas asesinadas y objetos asociados al Acuerdo de Paz de 2016. La ministra de Cultura, Paola Holguín, defendió la decisión con el argumento de que la entidad no debía servir para lo que considera adoctrinamiento político.

De la sala a la calle

El sábado, un grupo de jóvenes llevó copias de algunas de las piezas retiradas y las pegó en una intervención artística situada frente al Museo Nacional. La actividad fue una forma de expresar que la discusión sobre el patrimonio y la memoria histórica también tiene lugar en el espacio público.

El domingo continuaron las concentraciones. Una parte de la movilización derivó en enfrentamientos cuando se produjo una intervención policial en el sector, después de conversaciones para liberar el paso vehicular. Hubo uso de dispositivos antidisturbios y reportes de afectaciones que motivaron pronunciamientos de organizaciones de derechos humanos.

La disputa por la memoria

La controversia ya supera la administración cotidiana de una colección. Exfuncionarios del museo, sectores académicos y agrupaciones de museos cuestionan que decisiones sobre una exposición histórica se adopten por criterios ideológicos del Gobierno. El Ejecutivo sostiene que busca replantear las salas y revisar sus contenidos. El debate gira alrededor de quién decide qué hechos, víctimas y movimientos sociales aparecen representados en una institución pública de memoria. La disposición final de las piezas retiradas y la eventual presentación de una nueva curaduría serán centrales para evaluar el alcance de los cambios

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