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Keiko Fujimori gana en Perú y completa su regreso más improbable

Después de tres derrotas presidenciales, años de desgaste judicial y una campaña marcada por el miedo, la seguridad y la polarización, la líder de Fuerza Popular queda a las puertas del poder en una de las elecciones más estrechas de la historia peruana.

Una victoria por menos de 50.000 votos


Keiko Fujimori será presidenta de Perú tras imponerse en la segunda vuelta presidencial con una diferencia mínima frente al candidato de izquierda Roberto Sánchez. Con el 100 % de las actas procesadas por la Oficina Nacional de Procesos Electorales, la lideresa de Fuerza Popular obtuvo el 50,135 % de los votos válidos, frente al 49,865 % de su rival, una ventaja de apenas 49.641 sufragios. (Reuters)


El resultado pone fin a varias semanas de incertidumbre después de una elección cerrada, marcada por impugnaciones, revisión de actas y una fuerte tensión política. Aunque el conteo oficial ya cerró, la proclamación formal corresponde al Jurado Nacional de Elecciones, que debe resolver los últimos procedimientos antes de entregar la credencial presidencial.


La cuarta fue la vencida


La victoria tiene un peso simbólico enorme para Fujimori. Es su cuarto intento por llegar a la Presidencia, después de perder en 2011, 2016 y 2021. Esta vez, la hija del expresidente Alberto Fujimori logró convertir una candidatura marcada por el rechazo, la memoria del fujimorismo y la desconfianza institucional en una victoria ajustadísima, pero suficiente.


Su triunfo también la convertiría en la primera mujer elegida por voto popular para gobernar Perú, un país acostumbrado a crisis presidenciales, vacancias, renuncias y mandatarios de corta duración. La toma de mando está prevista para el 28 de julio, Día de la Independencia peruana.


El voto exterior inclinó la balanza


Uno de los puntos más sensibles del resultado fue el peso del voto de los peruanos en el exterior. Distintos reportes señalan que Sánchez obtuvo mayor respaldo dentro del territorio peruano, mientras que Fujimori terminó consolidando su ventaja con el voto extranjero, especialmente en una elección definida por menos de medio punto porcentual.


Esa diferencia abrió una nueva grieta política. El candidato derrotado no reconoció de inmediato el resultado y denunció presuntas irregularidades, aunque los reportes internacionales consultados señalan que hasta ahora no ha presentado pruebas concluyentes que alteren el balance oficial del escrutinio.


Un país partido en dos


Fujimori no recibe un país tranquilo. Perú llega a este cambio de mando con una economía que busca estabilidad, una ciudadanía golpeada por la inseguridad, una clase política desprestigiada y una institucionalidad que ha visto pasar varios presidentes en menos de una década.


Su principal promesa de campaña fue restaurar el orden, enfrentar el crimen y recuperar la autoridad del Estado. Pero su primer gran desafío será gobernar un país dividido prácticamente en dos mitades, donde una parte del electorado celebra su llegada y otra teme el regreso del apellido Fujimori al poder.


El regreso del fujimorismo


El triunfo marca el retorno del fujimorismo al Ejecutivo más de dos décadas después de la caída de Alberto Fujimori, una figura que sigue dividiendo profundamente al Perú: para unos, símbolo de mano dura contra el terrorismo y estabilización económica; para otros, responsable de autoritarismo, corrupción y graves violaciones a los derechos humanos.


Keiko Fujimori ha defendido parte del legado de su padre, pero ahora deberá demostrar si puede gobernar con autonomía, construir mayorías y evitar que su Presidencia quede atrapada entre la nostalgia fujimorista y el rechazo antifujimorista.


La Presidencia empieza antes de jurar


El reto inmediato será político. Fuerza Popular tiene una bancada importante, pero no una mayoría absoluta, por lo que Fujimori necesitará pactos para sacar adelante sus reformas. El gabinete que anuncie en las próximas semanas será la primera señal sobre el tono de su gobierno: confrontación, conciliación o una mezcla calculada de ambas.


En una elección decidida por menos de 50.000 votos, la legitimidad no dependerá solo del acta electoral. Dependerá de lo que haga desde el primer día: si logra bajar la tensión, si atiende la inseguridad sin romper garantías democráticas y si convierte una victoria mínima en un gobierno con capacidad real de mando.


Perú eligió presidenta, pero no cerró sus heridas. La era Fujimori vuelve al poder con una pregunta enorme sobre la mesa: si esta vez podrá gobernar sin repetir las sombras que siempre acompañaron su apellido.

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