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La ONU abre su gran debate anual con una pregunta incómoda sobre cuánto poder real conserva el multilateralismo

Cerca de 130 jefes de Estado y de Gobierno llegan a Nueva York para la 81ª Asamblea General. Guerras prolongadas, crisis climática, desigualdad e inteligencia artificial ponen a prueba un sistema donde todos los países tienen voto, pero las decisiones más duras siguen condicionadas por el poder de los Estados.

La 81ª Asamblea General de Naciones Unidas abrió su debate general en Nueva York con un lema que reconoce el problema antes de intentar resolverlo: “Restaurar la confianza, gestionar la transformación: una ONU que cumpla para todos”. Entre el 22 y el 28 de septiembre, los 193 Estados miembros tienen el escenario para exponer prioridades y responder a una pregunta de fondo: qué puede hacer realmente el sistema multilateral frente a crisis que se acumulan más rápido que los consensos.

La ONU calcula que cerca de 130 jefes de Estado y de Gobierno participarán presencialmente durante la semana de alto nivel. La agenda cruza guerras y seguridad, cambio climático, desarrollo, salud, gobernanza de la inteligencia artificial y reforma de las propias instituciones internacionales.

En su discurso de apertura, el secretario general António Guterres resumió el desafío en cuatro “pruebas de poder”: paz y seguridad, desigualdad, clima e inteligencia artificial. Su planteamiento fue que esas crisis no funcionan por separado. Los conflictos agravan hambre y pobreza; la desigualdad determina quién puede resistir los choques climáticos; y la inteligencia artificial puede ampliar capacidades o concentrar todavía más poder.

El presidente de la Asamblea, Khalilur Rahman, organizó su programa alrededor de seis pilares que incluyen paz, desarrollo, planeta, derechos, innovación y reforma del sistema. La insistencia en la confianza no es retórica vacía: la ONU enfrenta críticas por la parálisis del Consejo de Seguridad en conflictos donde alguno de sus cinco miembros permanentes usa o amenaza con usar el veto.

La Asamblea General tiene una fortaleza y una limitación al mismo tiempo. Cada uno de los 193 Estados tiene un voto, lo que la convierte en el foro más representativo del sistema internacional. Sin embargo, muchas de sus resoluciones tienen carácter político y no vinculante. Las decisiones obligatorias sobre paz y seguridad recaen principalmente en el Consejo de Seguridad, donde Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Reino Unido conservan poder de veto.

Por eso el verdadero examen de esta 81ª sesión no será cuántos discursos se pronuncien, sino qué acuerdos concretos logren sobrevivir a las divisiones entre potencias. La Asamblea puede construir legitimidad, fijar posiciones, movilizar coaliciones y abrir negociaciones; pero su capacidad para convertirlas en acción depende, finalmente, de que los Estados acepten cooperar y cumplir lo acordado.

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