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El milagro que devolvió la esperanza: rescatan con vida a un niño seis días después de los terremotos en Venezuela

Cuando la mayoría de expertos ya daba por cerrada la ventana para encontrar sobrevivientes, un pequeño de tres años volvió a respirar bajo los escombros. Su rescate se convirtió en el símbolo de esperanza de un país devastado por la tragedia.

Una voz entre el silencio


Durante seis días, el edificio Los Corales Garden 1, en el estado venezolano de La Guaira, fue apenas una montaña de concreto, acero y polvo. Los rescatistas seguían buscando porque en este tipo de tragedias nunca se abandona la esperanza, aunque las posibilidades disminuyan con cada hora.


En la madrugada de este martes ocurrió lo que muchos ya consideraban imposible. Un equipo de socorristas de Jordania logró sacar con vida a Klieber Morán, un niño de tres años que permanecía atrapado bajo los escombros desde los terremotos de magnitudes 7,2 y 7,5 que golpearon el norte de Venezuela el pasado 24 de junio. El momento quedó registrado en video y rápidamente dio la vuelta al mundo.


Un rescate contra el tiempo


Especialistas en búsqueda y rescate urbano explican que las probabilidades de encontrar personas con vida disminuyen drásticamente después de las primeras 72 horas. Superar ese límite convierte cada hallazgo en un hecho extraordinario. Por eso, el rescate de Klieber fue recibido entre aplausos, lágrimas y abrazos por rescatistas de distintos países que participan en la operación internacional desplegada en Venezuela.


Las imágenes muestran al menor siendo extraído cuidadosamente de entre las ruinas, envuelto en una manta y trasladado de inmediato a una ambulancia, donde recibió los primeros auxilios antes de ser llevado a un centro asistencial en Caracas. La Defensa Civil de Jordania confirmó que el niño se encontraba con vida al momento del rescate y que fue estabilizado por personal médico.


El único sobreviviente hallado ese día


Las autoridades venezolanas informaron que Klieber fue la única persona rescatada con vida durante la sexta jornada de operaciones. El contraste refleja la magnitud de la tragedia. Mientras continúan las labores de búsqueda, el balance oficial sigue aumentando y miles de rescatistas nacionales e internacionales permanecen desplegados en La Guaira, la zona cero del desastre.


Hasta este martes, los organismos de emergencia reportaban miles de personas rescatadas desde el inicio de la tragedia, aunque la gran mayoría logró salir por sus propios medios o con ayuda de familiares durante las primeras horas posteriores al sismo. Desde entonces, los hallazgos de sobrevivientes han sido cada vez más escasos.


Una operación internacional


El rescate fue posible gracias a la participación de equipos internacionales especializados en búsqueda y rescate urbano.
En Venezuela trabajan brigadas provenientes de varios países, entre ellas misiones de Jordania, Colombia, España, Catar, Estados Unidos y otras naciones que se sumaron a las operaciones humanitarias tras el desastre.


Cada grupo aporta tecnología para detectar sonidos, cámaras de inspección, sensores térmicos, perros de búsqueda y personal entrenado para operar en estructuras colapsadas, donde cualquier movimiento puede provocar nuevos derrumbes.


Una historia que revive la esperanza


Mientras el número de víctimas continúa creciendo y las posibilidades de encontrar más sobrevivientes disminuyen con el paso de las horas, el caso de Klieber Morán devolvió esperanza tanto a las familias que siguen esperando noticias como a los propios socorristas.


Los expertos insisten en que, aunque la llamada «ventana de oro» suele cerrarse después de tres días, siempre existen excepciones cuando una persona queda protegida por bolsas de aire naturales, dispone de pequeñas reservas de agua o permanece aislada de los principales focos de colapso.


Por eso las labores continúan.


Porque en cada edificio derrumbado aún puede existir una vida esperando ser encontrada. El rescate del pequeño Klieber no cambia la dimensión de la tragedia que vive Venezuela, pero sí recordó una verdad que acompaña a todos los equipos de emergencia del mundo: mientras exista una posibilidad, por mínima que sea, nunca se deja de buscar.

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