La última vez que su familia la había visto estaba asustada mientras la tierra se movía en Pereira. Después vino el silencio. Durante más de un día no supieron dónde estaba hasta que su rostro apareció nuevamente en una pantalla.
Angie Dayana Fontalvo estaba hablando con su familia cuando comenzó el terremoto. Desde Pereira, la joven de 25 años alcanzó a contarles que todo se estaba moviendo. La motocicleta, un espejo, las cosas a su alrededor. Tenía miedo y quería salir del apartamento donde vivía en el barrio Cuba. Esa comunicación terminó y durante las siguientes horas su familia, en Soledad, Atlántico, no volvió a saber nada de ella.
Conforme comenzaron a conocerse edificios destruidos, víctimas y personas atrapadas en Pereira, el silencio se hizo más angustiante. Angie llevaba cerca de tres años viviendo en la capital de Risaralda junto a su pareja. Sus familiares intentaron ubicarla, difundieron fotografías y pidieron ayuda públicamente. El problema era todavía mayor porque no tenían parientes cercanos en el Eje Cafetero y ni siquiera contaban con la nomenclatura exacta de su vivienda. Sus padres contemplaban viajar para buscarla personalmente.
Pasaron más de 24 horas.Entonces llegó la llamada que estaban esperando.Angie apareció en una videollamada. Estaba viva.
Su padre, Juan Carlos Fontalvo, confirmó que después de la emergencia en el barrio Cuba ella y su esposo habían sido trasladados a un albergue. Los problemas de señal y las fallas en las comunicaciones provocadas por el terremoto habían impedido que pudiera contactar antes a su familia.
Físicamente no presentaba lesiones graves. Emocionalmente era diferente. Su padre relató que la encontraba muy afectada por todo lo vivido, aunque hablar nuevamente con su familia la había puesto contenta. Ahora buscan la manera de ayudarla a regresar al Atlántico. Entre miles de fotografías de desaparecidos que circularon después del terremoto, la de Angie tuvo el desenlace que tantas familias todavía esperan. Después de más de un día de angustia, esta vez el teléfono volvió a sonar con una buena noticia.













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