Había viajado desde Bogotá para pasar unos días con su abuela en Cali. Después del terremoto, familiares y rescatistas mantuvieron durante horas la esperanza de encontrarlas con vida. La búsqueda de Violeta Guerrero y Amparo Jaramillo terminó de la manera que nadie quería.
Entre los escombros del Conjunto Residencial Guadalupe, los rescatistas repetían un nombre. Violeta. La niña había llegado desde Bogotá para pasar sus vacaciones con su abuela, Amparo Jaramillo, en el sur de Cali. Estaban juntas cuando el terremoto de magnitud 7,4 convirtió parte del edificio donde se encontraban en una montaña de concreto. El conjunto, ubicado en el sector de “Cuarto de Legua”, sufrió un colapso parcial. La información recopilada posteriormente indica que abuela y nieta intentaban salir cuando parte de la estructura se desplomó.
Entonces apareció una señal que alimentó la esperanza. Familiares aseguraron que algunas personas habían escuchado una voz entre los escombros. Juan Diego Peña, familiar de ambas, hizo público el caso y pidió maquinaria, especialistas y más apoyo para llegar hasta el punto donde creían que podía encontrarse Violeta. Durante horas, la historia trascendió aquel edificio.
Rescatistas llamaban a la niña mientras vecinos esperaban detrás de los acordonamientos. El conjunto estaba gravemente averiado y el riesgo de nuevos colapsos dificultaba las operaciones. Habitantes ayudaron a retirar material y otros permanecieron allí simplemente esperando escuchar una buena noticia.
Pero la noticia no llegó. Durante la noche del martes 11 de agosto, los organismos de rescate encontraron sin vida a Violeta Guerrero y Amparo Jaramillo entre los restos de la edificación. Juan Diego Peña comunicó el desenlace en nombre de la familia.
Agradeció a quienes buscaron, ayudaron y compartieron durante aquellas horas en las que todavía existía esperanza. Violeta había viajado a Cali para algo tan cotidiano como pasar unas vacaciones con su abuela. El terremoto convirtió esa visita familiar en una de las historias más dolorosas de la tragedia. Durante horas, Colombia esperó que alguien respondiera desde debajo del concreto. Esta vez, el rescate llegó demasiado tarde.













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