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Jorge Laverde a un paso de la Contraloría

La elección formal todavía no se ha producido, pero la aritmética política parece haberla resuelto. Una declaración conjunta de cinco de las principales fuerzas del Congreso, seguida por nuevos respaldos, convirtió a Jorge Eliécer Laverde en el favorito indiscutible para dirigir la Contraloría General entre 2026 y 2030.

Si los congresistas cumplen este miércoles lo que sus partidos anunciaron públicamente, Jorge Eliécer Laverde Vargas será el próximo contralor general de la República. La señal más contundente apareció pocas horas antes de la votación. Centro Democrático, Partido Liberal, Partido Conservador, Partido de la U y Cambio Radical firmaron conjuntamente un documento respaldando su candidatura, una fotografía política poco frecuente porque reúne alrededor de un mismo nombre a colectividades con intereses y trayectorias diferentes.


El comunicado fue suscrito por dirigentes como Gabriel Vallejo, por el Centro Democrático; Simón Gaviria, por el liberalismo; Efraín Cepeda, por los conservadores; Clara Luz Roldán, por La U, y los dirigentes de Cambio Radical Enrique Vargas Lleras y Fuad Char, además del presidente del Congreso, Honorio Henríquez. Las colectividades justificaron su decisión en la experiencia, formación y capacidad técnica de Laverde.


Después comenzaron a sumarse otros respaldos. El Nuevo Liberalismo anunció públicamente que votará por él y distintas fuentes políticas reportan adhesiones de sectores de ASI, las Circunscripciones Transitorias Especiales de Paz y Alianza Verde. Semana calcula que el aspirante podría superar los 180 votos, ampliamente por encima de la mayoría necesaria para imponerse en el Congreso pleno.


Una elección que cambió en cuestión de horas Hasta hace pocos días el resultado estaba mucho menos claro.
Entre los diez finalistas aparecían con fuerza Andrés Castro Franco, Carlos Mario Zuluaga, Luis Enrique Abadía y el propio Laverde. Incluso Castro llegó a ser considerado uno de los nombres con mayores posibilidades.
Pero la negociación política se movió rápidamente.


El periodista Daniel Coronell reveló que Simón Gaviria y el senador Lidio García tuvieron un papel central en la construcción de la mayoría alrededor de Laverde y señaló como movimiento determinante el cambio de posición de Cambio Radical, que previamente se inclinaba por Andrés Castro. Según ese relato, el efecto dominó terminó dejando al antiguo secretario de la Comisión Sexta muy cerca de asegurar los votos necesarios.


Hay otro dato que ayuda a comprender la naturaleza de esta elección. Laverde no obtuvo el mayor puntaje técnico del proceso. En el consolidado oficial alcanzó 65,35 puntos y terminó tercero, detrás de Luis Enrique Abadía, con 69,05, y Andrés Castro, con 65,75. Los tres, junto con otros siete aspirantes, superaron las etapas reglamentarias y llegaron legalmente habilitados a la decisión política del Congreso.


El Congreso tiene la última palabra


Laverde llega con una ventaja adicional. Durante años fue secretario general de la Comisión Sexta del Senado, lo que significa que conoce desde adentro la institución que hoy decidirá su elección y ha trabajado directamente con congresistas de diferentes partidos. Documentos oficiales del Senado registran su permanencia en ese cargo desde hace más de una década.


La Cámara confirmó que la elección corresponde al Congreso en pleno, mediante mayoría absoluta, para el periodo 2026–2030. La votación es secreta, por lo que los comunicados partidistas no equivalen jurídicamente a votos depositados y todavía existe margen para deserciones individuales.


Ese es prácticamente el único elemento que impide hablar de una elección consumada. Porque políticamente, el documento firmado por cinco partidos y las adhesiones que llegaron después permiten hacer una lectura bastante clara antes de que se abra la urna. Salvo una rebelión significativa de congresistas a última hora, Jorge Eliécer Laverde debería salir hoy del Capitolio convertido en el nuevo contralor general de Colombia.


Si ocurre, la elección no solamente confirmará quién controlará fiscalmente los recursos públicos durante los próximos cuatro años. También mostrará algo quizás más interesante sobre el nuevo Congreso —que las grandes mayorías pueden construirse muy rápido cuando los partidos tradicionales encuentran un nombre alrededor del cual sus intereses coinciden.

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