Otoniel Castañeda no solamente hablaba de cultura llanera. La vestía, la caminaba, la contaba y la convirtió durante décadas en una causa personal.
La vestía, la caminaba, la contaba y la convirtió durante décadas en una causa personal. El creador de El Gran Llanerazo murió en Yopal y deja detrás una vida dedicada a preservar las faenas, relatos, saberes y símbolos de una región que defendió hasta convertirse él mismo en uno de sus personajes.
La cultura de los Llanos Orientales perdió a uno de sus exponentes más singulares. Otoniel Castañeda Barrera, conocido dentro y fuera de Casanare como El Gran Llanerazo, falleció el 2 de octubre en Yopal. La información conocida inicialmente señala que Castañeda murió en su residencia y que una posible falla cardíaca estaría relacionada con su fallecimiento. Tenía 55 años y había nacido en Aguazul, Casanare, en 1971.
Pero reducir su historia a esas dos líneas sería contar muy poco de un hombre que hizo de su propia existencia una representación permanente del Llano.
Un personaje irrepetible
Sombrero, pantalón arremangado y los pies descalzos fueron durante años parte inseparable de su imagen. No era un disfraz construido para las cámaras. Castañeda convirtió esa manera de vivir en una declaración de identidad. Era campesino, empresario, guía, narrador, gestor cultural, promotor turístico, presentador y conocedor de las faenas tradicionales. Retratado como un hombre capaz de leer las señales de la naturaleza, reconocer animales y desenvolverse en el trabajo de sabana con conocimientos aprendidos desde niño.
Su particular manera de representar al hombre de los Llanos terminó llevándolo a escenarios nacionales e internacionales. Su figura llamó la atención incluso fuera de Colombia y el proyecto cultural que encabezó llegó a ser conocido en distintos países. En 2006 recibió el reconocimiento Colombiano Ejemplar en el área cultural.
El reality que rescató faenas
Su obra más recordada fue El Gran Llanerazo, inicialmente conocido como El Róbinson Llanero.
La idea era sencilla de explicar y difícil de ejecutar. Encontrar hombres y mujeres capaces de demostrar en la práctica cuánto sabían de la vida auténtica del Llano.
Por allí pasaron participantes de Casanare, Arauca, Meta, Vichada y Venezuela. No competían únicamente cantando o bailando. Debían domar potros cerreros, ordeñar ganado, cruzar ríos, manejar reses, enlazar, colear, construir elementos utilizados en las faenas y demostrar conocimientos sobre historia, gastronomía, tradición oral y costumbres de la sabana.
Castañeda quería dejar registros audiovisuales de aquellas prácticas antes de que la transformación del campo terminara llevándose parte de ellas.
Su propósito iba más allá del entretenimiento. El Gran Llanerazo fue una forma de convertir el conocimiento del campesino en protagonista de televisión.
La cultura como oficio
Otoniel también llevó su idea del Llano a otros espacios.
Impulsó Las Tres Topias, una propuesta alrededor del café y las costumbres regionales, y convirtió sus actividades empresariales y turísticas en otra vitrina para hablar de Casanare y de su gente.
Hasta la actuación hizo parte de su recorrido.
Castañeda integró el reparto de la película Alborada Carmesí y años después asumió el papel principal del cortometraje Ángel de Mi Guarda, una producción casanareña seleccionada para competir en el Festival de Cine de Villavicencio.
Su propia historia también alimentó otro proyecto cinematográfico. El Pacto nació de los relatos familiares que Otoniel contaba alrededor de la razón por la que durante décadas caminó descalzo y fue concebido como una producción inspirada en la tradición oral y los imaginarios del Llano.
El hombre se fue, queda el personaje
Otoniel Castañeda entendió muy temprano algo que hoy resulta evidente. Las culturas también pueden desaparecer cuando dejan de contarse.
Por eso hizo del Llano una historia permanente.
Lo mostró frente a una cámara, lo llevó a concursos, lo convirtió en empresa, habló de él ante visitantes, actuó, contó sus leyendas y defendió unas faenas que las nuevas generaciones conocen cada vez menos. Su despedida tendrá también dimensión pública. Sus allegados informaron que será velado desde este sábado 3 de octubre en el Coliseo del INTRA, en Yopal.
Las exequias están previstas para el domingo 4 de octubre a las tres de la tarde.
Se fue Otoniel Castañeda.Pero El Gran Llanerazo queda en las imágenes, las historias y la memoria de una región a la que dedicó buena parte de su vida.
Y quizá allí esté su legado más grande. Haber entendido que ser llanero no era solamente haber nacido en la sabana, sino conocerla, quererla, contarla y luchar para que otros no la olvidaran.













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