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Golpes, fracturas y una barrera cultural detrás de la agresión en el Hospital del Sarare

Dos auxiliares de enfermería y un profesional resultaron lesionados en plena hospitalización pediátrica en Saravena. El hospital rechazó la violencia y anunció acciones judiciales. Pero un pronunciamiento posterior del pueblo U’wa reveló elementos que hacen más complejo el episodio, entre ellos dos niños con desnutrición severa, dificultades con el idioma y la ausencia oportuna de un intérprete.

Tres trabajadores de la salud terminaron con fracturas, golpes en el rostro, trauma craneoencefálico, contusiones e incluso una mordedura después de una violenta agresión ocurrida dentro del Hospital del Sarare, en Saravena. El hecho ocurrió el 10 de agosto en el servicio de hospitalización pediátrica. Según el reporte oficial de la institución, un familiar de dos menores internados atacó inicialmente a dos auxiliares de enfermería. Un profesional de enfermería que intervino durante la situación también resultó lesionado.


Una de las auxiliares sufrió trauma craneoencefálico y un hematoma frontal. La segunda presentó una fractura de escápula, que requirió inmovilización, además de fractura del hueso cigomático derecho, laceraciones en el pómulo y múltiples hematomas. El profesional de enfermería terminó con lesiones en rodilla, frente, ojo y mejilla, contusiones costales y una mordedura en el tórax.
El Hospital del Sarare anunció acompañamiento médico y jurídico a los funcionarios y aseguró que adelantará las actuaciones correspondientes ante las autoridades. Además, reconoció que su personal viene enfrentando episodios de insultos, amenazas y agresiones verbales durante la atención de pacientes.


La otra parte de una historia que no termina con la agresión


Después del rechazo institucional apareció un elemento que obliga a mirar el caso con mayor profundidad. La Asociación de Autoridades Tradicionales y Cabildos U’wa, ASOU’WA, confirmó que el hombre involucrado pertenece a esa comunidad indígena y se encontraba acompañando a sus dos hijos menores, diagnosticados con desnutrición severa. La organización rechazó expresamente cualquier violencia contra el personal médico, pero pidió que las autoridades examinen también las condiciones culturales y emocionales que rodearon lo ocurrido.


Según ASOU’WA, el padre había sido trasladado en helicóptero desde su territorio y llevaba más de 20 años sin desplazarse hacia una cabecera municipal. Además, no comprendía plenamente el español y, de acuerdo con la organización, no contó oportunamente con un intérprete que le ayudara a comprender el estado de sus hijos y los procedimientos que se estaban realizando.


Nada de eso justifica una agresión. Pero sí introduce una discusión distinta que tampoco debería ignorarse. Proteger al trabajador de la salud y garantizar atención intercultural a un paciente indígena no son objetivos enfrentados. De hecho, el propio Ministerio de Salud establece que la protección de la Misión Médica debe incorporar enfoques diferenciales relacionados, entre otros factores, con la etnicidad y las barreras culturales. ASOU’WA pidió fortalecer la disponibilidad de intérpretes, acompañamiento psicológico y coordinación institucional cuando pacientes indígenas sean trasladados desde territorios apartados hacia centros hospitalarios.


Una alerta que supera al Hospital del Sarare


La Unidad Administrativa Especial de Salud de Arauca, UAESA, también rechazó las agresiones físicas y emocionales contra los tres trabajadores y exigió garantías para la Misión Médica. El problema no es exclusivamente local. La Defensoría del Pueblo reportó que durante 2025 Colombia había registrado más de 325 afectaciones contra la Misión Médica, un incremento superior al 56 % frente a todo 2024.


En Saravena, el episodio deja entonces dos obligaciones simultáneas. Investigar y establecer responsabilidades por una agresión que dejó a tres trabajadores lesionados, y revisar si existieron fallas en la atención diferencial de una familia indígena que enfrentaba una situación médica y cultural excepcional.
Convertir cualquiera de las dos en excusa para desconocer la otra sería simplificar demasiado una historia que merece ser entendida completa.

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