Estados Unidos, Israel, Ecuador y El Salvador fueron los cuatro países escogidos para enviar equipos especializados de búsqueda y rescate tras el terremoto. Todos están gobernados por administraciones ubicadas en la derecha o centroderecha y mantienen cercanía política con el nuevo Gobierno colombiano. La Casa de Nariño niega cualquier filtro ideológico y asegura que la selección respondió exclusivamente a estándares técnicos internacionales.
Cuando todavía había personas atrapadas bajo toneladas de concreto, una decisión del Gobierno colombiano terminó convirtiendo la ayuda internacional en otra discusión nacional.La administración de Abelardo de la Espriella formalizó la llegada de equipos extranjeros de búsqueda y rescate procedentes únicamente de Estados Unidos, Israel, Ecuador y El Salvador. La decisión fue comunicada por el nuevo director de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, David Tamayo, quien sostuvo que esos grupos podían garantizar reconocimiento internacional, capacidad operativa y autosuficiencia durante su despliegue.
El anuncio llegó cuando las autoridades preveían relevar a los rescatistas colombianos después de jornadas continuas de trabajo y mientras se agotaba la llamada ventana crítica de las primeras 72 horas, periodo que Naciones Unidas considera especialmente importante para encontrar sobrevivientes después de un desastre. Pero los nombres seleccionados provocaron inmediatamente una pregunta.
¿Por qué esos cuatro?
Una coincidencia política difícil de ignorar. Estados Unidos está gobernado por Donald Trump, Israel por Benjamin Netanyahu, Ecuador por Daniel Noboa y El Salvador por Nayib Bukele. Se trata de gobiernos identificados, con diferentes matices, con la derecha o centroderecha y con los que la nueva administración colombiana ha mostrado afinidades políticas o estratégicas. El propio De la Espriella llegó al poder con una plataforma de derecha y desde sus primeros días ha buscado estrechar relaciones especialmente con Washington e Israel.
La coincidencia llevó a medios internacionales y sectores políticos colombianos a cuestionar si detrás de la decisión podía existir un componente ideológico. El Gobierno lo negó. El canciller Omar Bula aseguró que Colombia trabaja con otros países “sin ninguna consideración ideológica ni política” y sostuvo que ninguna nación fue excluida de la ayuda humanitaria. Y aquí aparece una distinción fundamental.
Una cosa son los rescatistas y otra la ayuda humanitaria. Colombia sí recibió o coordinó alimentos, medicamentos, dinero, insumos y otras formas de asistencia provenientes de países que no estaban dentro de aquel grupo de cuatro. México envió decenas de toneladas de ayuda; Brasil anunció asistencia humanitaria; España movilizó inicialmente un millón de euros y otros gobiernos europeos y latinoamericanos ofrecieron diferentes apoyos.
México convirtió la duda en polémica
El caso mexicano hizo mucho más difícil cerrar la discusión. México puso a disposición de Colombia una brigada militar especializada en rescates. La presidenta Claudia Sheinbaum explicó posteriormente que el equipo no recibió autorización porque Colombia exigió una certificación adicional.
Sheinbaum evitó convertir el episodio en una confrontación diplomática, pero recordó la experiencia internacional de sus rescatistas y aseguró que han participado en operaciones de emergencia en decenas de países. México terminó enviando alimentos, medicamentos y otros suministros sin que su brigada militar se incorporara a la operación.
Algo igualmente llamativo ocurrió con los reconocidos Topos de Tlatelolco, que permanecieron sin autorización para intervenir oficialmente. Otro grupo mexicano, Topos Azteca, sí logró llegar a Cali después de gestiones realizadas con autoridades locales y particulares.
El argumento técnico sí existe
Sería incorrecto afirmar que la explicación del Gobierno carece de sustento. El INSARAG, sistema coordinado por Naciones Unidas para los equipos urbanos de búsqueda y rescate, existe precisamente para establecer estándares comunes y verificar capacidades operativas. Desde 2005 cuenta con un proceso de clasificación externa que evalúa a los equipos que buscan desplegarse internacionalmente.
Además, en una catástrofe no necesariamente resulta útil permitir el ingreso indiscriminado de voluntarios. Los equipos internacionales especializados deben poder trabajar coordinadamente, llevar su propio equipamiento y operar con el menor impacto logístico posible sobre un país que ya enfrenta una emergencia. Naciones Unidas considera esa coordinación parte esencial de una respuesta eficiente.
Lo que sigue sin quedar completamente explicado públicamente es por qué las solicitudes colombianas terminaron limitadas precisamente a esos cuatro países, cuando México, Chile, Brasil, España y otras naciones también manifestaron disposición para colaborar de diferentes maneras.
Ahí está la verdadera controversia. La coincidencia ideológica existe y es comprobable. Que esa coincidencia haya sido el criterio para seleccionar a los rescatistas no está probado. Confundir ambas afirmaciones sería hacer propaganda en cualquiera de las dos direcciones.
Una decisión tomada cuando cada hora importaba
La discusión tampoco ocurre en cualquier momento. Cuatro días después del terremoto, el balance oficial ya superaba los 280 fallecidos, los 3.900 heridos y varios centenares de desaparecidos, mientras los organismos de socorro continuaban removiendo escombros y disminuían las probabilidades de nuevos rescates con vida. Por eso la controversia no debería reducirse a decidir si De la Espriella prefiere gobiernos de derecha. La pregunta realmente importante es otra.
Cuando cada hora podía representar una vida, ¿Colombia escogió los cuatro mejores equipos disponibles bajo criterios exclusivamente técnicos o pudo ampliar más rápido y más ampliamente su capacidad internacional de rescate?
Esa respuesta deberá quedar sustentada con documentos, certificaciones, solicitudes, tiempos y decisiones oficiales.
Porque después de una tragedia de esta magnitud, la cooperación internacional tampoco debería medirse por simpatías políticas.
Debería poder explicarse con una sola vara. Quién podía llegar más rápido, trabajar mejor y ayudar a salvar más vidas.













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