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Camila sale nueve días después de la reunión Santo Domingo-De La Espriella y Caracol deja la pregunta servida

No existe prueba pública de que el presidente ordenara cerrar Mañanas Blu. Pero la secuencia incomoda. Primero vino el veto de campaña, después una reunión en Barranquilla con el dueño del conglomerado, luego el programa desapareció sin despedida y, casi simultáneamente, Presidencia trazó una política para hablar preferentemente con medios “amigos”.

Camila Zuluaga salió del aire sin saber que acababa de hacer su último programa. El lunes 31 de agosto terminó Mañanas Blu 10 a. m., apagó el micrófono y solo después Caracol Televisión le informó a ella y a su equipo que el espacio desaparecía. No hubo despedida para los oyentes después de ocho años. La explicación empresarial fue sencilla. Menor audiencia, dificultades con anunciantes y bajo margen de contribución. La cronología, en cambio, es bastante menos sencilla.


El 22 de agosto, Abelardo De La Espriella recibió en su sede presidencial de Barranquilla a algunos de los hombres más poderosos del país. Entre ellos estaba Alejandro Santo Domingo, cabeza del grupo empresarial que controla Caracol Televisión y al que pertenece Blu Radio. También participaron Sarmiento, los Gilinski, Fuad Char, Juan Carlos Mora, César Caicedo y Miguel Cortés. Oficialmente hablaron de reconstrucción tras el terremoto y alivios financieros para damnificados.


No hay evidencia pública de que en esa mesa se hablara de Camila Zuluaga. Pero nueve días después, una de las periodistas que había tenido los enfrentamientos más visibles con De La Espriella durante la campaña estaba fuera de la emisora de los Santo Domingo. Eso no demuestra una orden presidencial. Pretender demostrarla solo con el calendario sería mal periodismo.
Pretender que el calendario no importa también sería bastante ingenuo. El Grupo Santo Domingo controla Caracol Televisión, Blu Radio y otros activos de medios.


Caracol explica, pero no muestra


Carlos Arturo Gallego, vicepresidente de Radio de Caracol Televisión, sostuvo que Mañanas Blu era el programa con menor margen de contribución entre los principales espacios de la parrilla y que mantenerlo implicaba una estructura de costos que podía evitarse ampliando el programa de Néstor Morales. Es una explicación empresarial creíble.


Lo curioso es que cuando La Silla Vacía pidió las cifras concretas de audiencia, la caída de la pauta y qué tan lejos estaba el programa de sus objetivos comerciales, Caracol no las entregó, amparándose en sus políticas internas. El medio tampoco logró obtenerlas por otra vía.


Y Blu, como marca, no estaba precisamente agonizando. Según datos de Comscore de julio citados por La Silla, tenía 20,1 millones de usuarios únicos y un alcance digital particularmente alto. Caracol TV, además, figura entre los grandes grupos de medios que cerraron 2025 con resultados positivos, mientras Supersociedades reportó la información financiera de las mayores empresas del país. Eso no prueba que Mañanas Blu fuera rentable. Sí hace razonable pedir algo más que la frase “problemas de audiencia”.


El presidente ya la había vetado


La incomodidad tampoco empezó en agosto.


Durante la campaña, Zuluaga contó al aire que, tras encontrarse con De La Espriella, el entonces candidato le indicó delante de ella a su equipo de prensa que no atendiera solicitudes de entrevista de su programa. Según la reconstrucción de La Silla Vacía, el futuro presidente consideraba que la periodista y su mesa lo habían tratado injustamente.


Ana Cristina Restrepo, otra de las voces del espacio, también protagonizó choques políticos con De La Espriella y recibió fuertes ataques digitales de seguidores del hoy mandatario. El programa terminó convertido, mucho antes de su cancelación, en una piedra dentro del zapato del abelardismo.


La Silla reportó, con base en dos asistentes a la reunión donde se anunció el cierre, que Zuluaga habría dicho a su equipo que lamentaba que todos salieran porque el Gobierno había pedido su cabeza. La periodista no confirmó esa afirmación públicamente ante el medio y tampoco se pudo comprobar que existiera una petición directa de Presidencia a Caracol.


Justo aparecen los “amigos”


Entonces llegó otra coincidencia.


Un día después de conocerse la salida de Zuluaga, la Unidad Investigativa de Caracol Radio reveló unas directrices transmitidas desde comunicaciones de Presidencia a las entidades del Ejecutivo. Entre ellas aparece la instrucción de no realizar ruedas de prensa ni conceder entrevistas, salvo asuntos estratégicos, con previa autorización y particularmente con “medios amigos”. Los ministros podrían dar declaraciones en eventos, pero sin responder preguntas.


El Gobierno no había aclarado oficialmente el documento al momento de esas publicaciones, aunque su comportamiento durante las primeras semanas —ruedas de prensa sin preguntas y fuertes controles a las vocerías— coincide con varios de sus puntos. La FLIP ya venía cuestionando otra decisión del nuevo Gobierno. Desde el 18 de agosto fueron suspendidos los contenidos informativos y territoriales de las 20 Emisoras de Paz, reemplazados temporalmente por música centralizada desde Bogotá.

La FLIP, la MOE y AMARC advirtieron que esto restringía el acceso a información local. La Defensoría pidió reconsiderarlo.
El Gobierno sostiene que revisa un sistema de medios públicos que, según De La Espriella, había sido usado como aparato costoso y politizado. El mandatario rechazó además cualquier responsabilidad en la salida de Zuluaga y recordó que Blu es una empresa privada que decide sobre sus empleados.


Tiene razón en una cosa fundamental.


Blu es privada.


Precisamente por eso la pregunta no es si el presidente podía firmar la carta de despido. No podía. La pregunta más interesante es otra.


¿Qué ocurre cuando un Gobierno deja claro qué periodistas le molestan, clasifica medios entre amigos y no amigos, presiona públicamente decisiones de sectores privados y los empresarios entienden perfectamente el mensaje sin necesidad de recibir una orden escrita?


El precedente de la Cámara Colombiana de la Infraestructura no ayuda a tranquilizar. Apenas días antes, la designación de Carolina Soto como presidenta del gremio se desplomó en menos de 24 horas después de críticas y presiones provenientes del entorno gubernamental.


No demuestra que con Camila haya sucedido lo mismo.


Pero empieza a formar un ambiente.


Y en periodismo existe una diferencia enorme entre no encontrar la prueba de una llamada y no tener motivos para hacer preguntas. Caracol puede despejar buena parte de ellas de una manera bastante aburrida y eficaz.
Publicando los números.


Porque la reunión existió, el veto existió, la salida fue abrupta, los datos comerciales específicos no se conocen y la política de “medios amigos” apareció casi al mismo tiempo. Puede ser una cadena de coincidencias. Pero ya son demasiados eslabones como para pedirle al periodismo que no mire la cadena.

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