Hay países donde la Navidad comienza en diciembre. En Colombia el calendario obedece otras reglas. Basta que amanezca el primero de septiembre para que la radio cambie, regresen viejas canciones y una frase anuncie que entramos, oficialmente o no, en los meses más alegres del año.
Hoy es primero de septiembre y en Colombia eso significa algo más que pasar una hoja del calendario. En algún taxi, tienda de barrio, bus, cocina o emisora acaba de sonar nuevamente una voz que millones reconocen antes de terminar la frase.
“Desde septiembre se siente que viene diciembre”.
Y entonces ocurre esa pequeña transformación colectiva que ningún decreto ordenó.
Regresan Rodolfo Aicardi, Pastor López, Los Hispanos, Los 50 de Joselito y esas canciones que parecen haber firmado un contrato de exclusividad con el fin de año. El porro, la cumbia, la música tropical y parrandera vuelven a ocupar espacios privilegiados en las emisoras y canciones escuchadas cientos de veces recuperan, misteriosamente, la capacidad de anunciar que algo bueno se acerca.
Una frase que se volvió país
La costumbre tiene una historia radial.
A comienzos de los años noventa, en Olímpica Stereo, Miguel “Mike” Char, Andy Pérez y Rafael Páez discutían cómo anticipar la temporada que tradicionalmente comenzaba en la radio hacia mediados de noviembre. La idea fue sencilla y tremendamente colombiana. Si septiembre, octubre, noviembre y diciembre terminaban en “bre”, ¿por qué esperar?
La frase nació en Barranquilla, salió al aire y terminó haciendo algo difícil para cualquier campaña publicitaria: dejar de sentirse como publicidad y convertirse en costumbre popular. Hoy aparece en memes, reuniones familiares, videos de colombianos en el exterior y conversaciones de quienes celebran —o protestan— porque diciembre llegó con tres meses de adelanto.
Hay incluso otra explicación que circula alrededor de la tradición. El periodista Juan Gossaín ha relacionado aquella sensación de diciembre anticipado con la vieja Barranquilla comercial, donde inmigrantes árabes comenzaban desde septiembre a ofrecer mercancías y materiales relacionados con las fiestas de fin de año. Más que competir, las dos historias dicen mucho de la misma ciudad, una Barranquilla donde comercio, radio, música y fiesta siempre han sabido encontrarse.
Diciembre es mucho más que Navidad
Quizás ahí está el secreto.
Para el colombiano, diciembre no es únicamente el 24 y el 25. Es un estado de ánimo.
Es la música que escuchaban los abuelos. El vecino que sube el volumen. La natilla que todavía no está hecha pero ya se recuerda. Las luces, los aguinaldos, las velitas, el paseo prometido, la ropa del 24, el sancocho del primero de enero y ese pariente que anuncia desde septiembre que este año sí llegará a la reunión familiar.
Y buena parte de esa banda sonora tiene raíz Caribe. Lucho Bermúdez y Pacho Galán llevaron el porro y otros sonidos costeños desde las sabanas y las verbenas hacia salones de baile y radios del interior. Décadas después, Colombia terminó asociando cumbias, porros y tropicales con el rito nacional de despedir el año.
Por eso lo que comienza hoy es difícil de explicar únicamente como estrategia comercial. Claro que las vitrinas aprovecharon el fenómeno y que las tiendas adelantan árboles y luces. Pero una campaña no sobrevive durante décadas si la gente no decide hacerla suya. Sociólogos han descrito también la fiesta como una forma de catarsis colectiva, una pausa frente a las cargas de la vida cotidiana.
Tal vez por eso en un país que ha aprendido a seguir bailando incluso en años difíciles, tres meses de diciembre no parecen exagerados. Desde hoy las emisoras cambian poco a poco de sonido, las redes se llenan de la misma broma y millones de colombianos entienden perfectamente un código que desconcierta a los extranjeros. El calendario dice septiembre. Colombia escucha diciembre.

















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